¿Sabemos preguntar con fuerza para "obligar" a nuestro receptor a que no nos de una respuesta débil?
Vivimos en un mundo con preguntas fuertes y respuestas débiles. Las fuertes suelen dirigirse a nuestra vida individual y colectiva y sobre todo a las raíces que nos causan perplejidad especial. Las preguntas y respuestas varían de una cultura a otra, obteniéndola de la globalización.
Tres interrogantes fuertes:
- Por qué hay tantos principios diferentes sobre la dignidad humana, todos pretendidamente únicos, y, a veces, contradictorios entre si? La respuesta a esta pregunta son los derechos humanos. Es débil porque se refugia en una universalidad abstracta y no explica por que tantos movimientos contra la justicia y la opresión formulan según principios que son contradictorios con los de los derechos humanos. Este interrogante se desdobla a: ¿Cuál es el grado de coherencia exigible entre los principios, cualesquiera que sean, y las prácticas que tienen lugar en nombre de ellos? Los principios intentan ocular sus discrepancias con las prácticas relevándose con brutalidad si estas no tienen éxito. También aquí la respuesta de los derechos humanos es débil pues acepta como natural la afirmación de los principios
- Si la legitimidad del poder se asienta en el consenso de los ciudadanos, ¿Cómo garantizar este ultimo cuando se agravan las desigualdades sociales y vuelven mas visibles las discriminaciones sexuales, étnico-raciales, y culturales? También tiene dos respuestas débiles: la democracia representativa y el multiculturalismo.
- . ¿Cómo cambiar un mundo donde los quinientos individuos mas ricos tiene tanto rendimiento como los 40 países mas pobres o los 416 millones de personas y donde el colapso ecológico es una posibilidad cada vez mas remota? El principal problema existente es el capitalismo que no es más que una economía del egoísmo y la cual hace que tratemos y destruyamos a la madre naturaleza
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